Vuelves a casa tiritando de frío. Tu primera idea es darte un baño caliente, una taza de té dulce y meterte bajo muchas mantas. Parece lógico, ¿verdad? Después de todo, es lo que hemos hecho siempre. Sin embargo, resulta que precisamente estas acciones, lejos de ayudar, pueden empeorar considerablemente tu estado. Los médicos advierten que muchos de los métodos populares para calentarse funcionan de forma opuesta a lo que esperamos: crean una sensación de calor momentánea, pero luego el cuerpo se enfría aún más.
¿Por qué te sientes más frío que antes?
El problema radica en cómo funciona nuestro organismo. Cuando exponemos súbitamente la piel al calor —agua caliente, una manta eléctrica o un calefactor— los vasos sanguíneos se dilatan. La sangre fluye hacia la piel, y sientes una agradable calidez. Pero al retirar la fuente de calor, esa misma red de vasos sanguíneos dilatados comienza a liberar calor al ambiente a gran velocidad.
El efecto rebote del calor
¿El resultado? Pocos minutos después, te sientes más frío que antes de meterte en la bañera. Y la situación empeora con las duchas calientes. Si sales mojado, el agua que se evapora de tu piel le roba aún más calor. Por eso, a menudo sentimos escalofríos después de una ducha.
Las bebidas dulces: otro error común
Muchos creen que un cacao caliente o un té dulce ayudarán a calentarse. A corto plazo, sí. El azúcar provoca un rápido pico de glucosa en sangre, el metabolismo se acelera y te sientes más cálido. Pero después de 30 a 90 minutos, la insulina reduce el nivel de azúcar, y la sensación de energía decae. Junto con ella, disminuye la percepción de calor. En lugar de un calor prolongado, obtienes solo un breve episodio y posterior fatiga.
Lo que realmente deberías hacer
Los médicos recomiendan un enfoque distinto: calentar el núcleo del cuerpo, no las extremidades o la piel. Aquí tienes tres acciones clave:
- Primero: Cubre tu torso con tejidos cálidos y aislantes. La lana o el forro polar funcionan mejor. Es precisamente en el torso donde se encuentran los órganos vitales que el cuerpo protege en primer lugar.
- Segundo: Aplica calor directo, pero moderado, en la zona del abdomen o la parte superior de la espalda. Una bolsa de agua caliente, una manta térmica o una ducha a unos 37°C. Lo importante es que sea cálida, no caliente. Y no más de 10 a 20 minutos.
- Tercero: Realiza actividad física ligera. Basta con 5 a 10 minutos de caminata o trote en el sitio. Esto mejora la circulación sanguínea y ayuda a distribuir el calor por todo el cuerpo.
Qué evitar para no empeorar las cosas
Frotarse enérgicamente las manos o los pies fríos es un método popular pero perjudicial. Dilata los vasos sanguíneos de la piel, pero los vasos internos permanecen contraídos. El calor simplemente se «extrae» a la superficie y se pierde.
Además, evita:
- Baños y duchas calientes (especialmente si quedas mojado después).
- Bebidas azucaradas como principal método de calentamiento.
- Ropa excesivamente ajustada, ya que oprime los vasos sanguíneos e interfiere con la circulación.
- El alcohol, que crea una sensación engañosa de calor pero en realidad altera la termorregulación corporal.
Hábitos diarios para la temporada de frío
Si sientes frío constantemente, algunos cambios sencillos te ayudarán:
- Comida: Pequeños pero frecuentes refrigerios cada 3-4 horas —frutos secos, queso, mantequilla—. Unos 200-300 kcal son suficientes para mantener el calor metabólico.
- Capas de ropa: La primera capa —ropa interior sintética o de lana que aleja la humedad del cuerpo. La capa intermedia —aislante (forro polar, lana). La capa exterior —una chaqueta cortavientos.
- Movimiento: 5-10 minutos de caminata ligera cada hora mejora la circulación, pero sin provocar sudoración.
- Bebidas: Tibias, pero no calientes (40-50°C), y sin azúcar o con una cantidad mínima. El té de hierbas o el caldo son excelentes opciones.
¿Cuándo buscar ayuda médica?
Si constantemente no puedes entrar en calor a pesar de usar los métodos correctos, esto podría indicar problemas de salud. Trastornos de la tiroides, enfermedades vasculares o disfunción del sistema nervioso autónomo pueden interferir con la termorregulación.
No demores la visita si notas:
- Fluctuaciones de temperatura recurrentes y fuertes.
- Desmayos o mareos al cambiar de posición.
- Dolor en el pecho o palpitaciones.
- Insensibilidad en las extremidades o cambios en el color de la piel.
Durante la consulta, será útil para el médico la información sobre cuándo comenzaron los síntomas, con qué frecuencia se repiten, qué los provoca y qué métodos caseros ya has probado.
Cuéntanos, ¿cuál de estos errores has estado cometiendo al intentar calentarte?








